Pero eso no es territorio exclusivo de los .deb, eso es extensible a Linux en general: si una cosa funciona, de maravilla (incluso puede que mejor que en Windows y con soft de pago), pero como falle, se desata el infierno.
El problema con los repositorios es que están gestionados, y si el que los lleva está muy ocupado, la cosa se retrasa. Porque para subir algo, según me cuentan, primero tienes que sugerir el cambio, alguien lo tiene que probar y aprobar, luego que los prueben los que están con los repositorios beta, y si todo está solucionado, entonces se sube. Y luego, claro, depende de la distro, porque Ubuntu, según su descripción, sólo sube a sus repositorios código bien probado, por lo que suelen ir por detrás en las versiones, a cambio de minimizar esos problemas... que se pueden dar, por supuesto, no seamos ingenuos.
Bueno, esto en los repos oficiales de las plataformas. Luego, cada uno es libre de meterse la repo del desarrollador que le de la gana, y lidiar con sus pros y contras...
De todas formas, cuando yo empezaba, allá por 2006 con Ubuntu, eso de instalar de un repositorio era de novatos. Las instrucciones de instalación solían empezar con un "git clone", incluir un "make", y finalizar con un "make install" (así tuve que instalar Audacity, e iba regular por culpa de los puñeteros codecs). Sigue siendo la mejor manera, pero el usuario de un SO no debería necesitar bajar al nivel de desarrollador para poder usarlo, y con lo que ocupan los fuentes (y lo que se puede llegar a tardar en descargar y compilar), pues no, no debería ser así.
Lo único bueno que puedo decir es que la última vez que compilé un Linux (Arnstrogn, para la Beagle board) me dio un descanso del TFC de tres días.
¿Queréis que os cuente la pesadilla que era instalar un programa, cuando no disponías de una conexión a internet, y sólo podías descargar los .deb, manualmente, de la biblioteca de la escuela?


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