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		<title>ZonaDeVicio - Tu comunidad de videojuegos online - blogs - Nihil</title>
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			<title>ZonaDeVicio - Tu comunidad de videojuegos online - blogs - Nihil</title>
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			<title>Verdes (parte 3)</title>
			<link>https://www.gp32spain.com/foros/entry.php?3742-Verdes-(parte-3)</link>
			<pubDate>Wed, 07 Jan 2015 16:50:28 GMT</pubDate>
			<description>No podía descartar un ajuste de cuentas contra la familia. Tres de los fallecidos pertenecían a dicho clan, uno de los más ricos del pueblo. Los Saavedra. Artesanos, orfebres, comerciantes y políticos. Sin enemigos conocidos, pero propietarios de prácticamente la mitad de las...</description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="blogcontent restore">No podía descartar un ajuste de cuentas contra la familia. Tres de los fallecidos pertenecían a dicho clan, uno de los más ricos del pueblo. Los Saavedra. Artesanos, orfebres, comerciantes y políticos. Sin enemigos conocidos, pero propietarios de prácticamente la mitad de las tierras de la comarca. Ahora mismo, ésa era mi principal línea de investigación.<br />
Decidí ir andando a la casa del practicante, Braulio. Dos manzanas me separaban de ella. El pueblo estaba desierto. La noche se cernía sobre él. El alumbrado público apenas aportaba visibilidad. La niebla y la oscuridad convertían Verdes en el escenario perfecto para una película de terror.<br />
<br />
Braulio me abrió segundos después del primer timbrazo. Parecía estar esperándome. <br />
<br />
Era un hombre rubio, delgado y nervioso,  de unos 60 años. Sus ojos azules proyectan despreocupación y sencillez a primera vista, pero pronto entendí que era sólo una máscara desarrollada con los años. Braulio era un hombre inteligente y culto, quizás el más sabio del pueblo, pero su humildad y prudencia le aconsejaban pasar desapercibido. <br />
<br />
-Tengo noticias inspector... un descubrimiento que quizás le ayude con el caso. ¡Ah! Y buenas tardes. Disculpe mi descortesía. <br />
<br />
- Es usted el único hombre de este pueblo que parece interesado en resolver el caso desde el prisma de la ciencia y no con leyendas o fantasías... dígame qué tiene Braulio -sonreí y di confianza a mi interlocutor con una palmada en la espalda.<br />
<br />
- Herba de namorar. Armeria marítima. A través de un sencillo proceso químico, se convierte en un veneno muy potente que puede provocar una parada cardio-respiratoria fatal. ¿Curioso eh? Una planta envuelta de misterio y que por siglos y siglos se ha considerado pócima para enamorar, puede convertirse en pócima para matar. -Sus ojos brillaban, y al pronunciar con tanta rapidez, una gota de saliva me salpicó la cara.<br />
<br />
- Venenos hay miles. Algunos detectables. Algunos indetectables. Pero en las autopsias no encuentran nada raro. Y mi crédito está a punto de expirar. En el hospital provincial no me toman ya demasiado en serio...<br />
<br />
- He revisado la zona en la que fallecieron todos los sujetos, y allí crece la única herba de namorar que vive lejos del mar, la armeria trasmontana. Y he visto a esa señora... ¡vella do demo! Recogiendo flores de dicha planta. No creo en las casualidades, Moisés.  Esa vieja loca que se cree bruja, blasfema y dedica insultos a los Saavedra. Xudeos, fillos de ****, raposeiros....<br />
<br />
- Braulio, te tenía por defensor de la razón... *****, creo que te estás pasando. No tienes ni indicios ni pruebas, sólo conjeturas. Demasiado poco para conseguir siquiera una orden de registro. Que no fuera demasiado amiga de los Saavedra y que sepa de hierbas no la convierte en asesina. Además, se te olvida que hay otros tres muertos de otras familias -contesté con poco tacto.<br />
<br />
- De acuerdo Moisés. Disculpa mi vehemencia. Me he involucrado de más. ¿Quieres un café? -noté nerviosismo en su semblante.<br />
<br />
-Debo irme. No quiero que se haga demasiado tarde y tu querida bruja esté dormida cuando vaya a visitarla -aseveré. <br />
<br />
Me despedí del practicante y un mar de dudas se convirtió en tsunami arrollador. Seguía perdido. La teoría de Braulio, que hasta ahora había sido de gran ayuda, me parecía una idiotez. Su figura representaba en la aldea la ciencia, siempre contrapuesta a la superchería, enemiga de la superstición. Entendía que Rosalía, la “curandera” -vella do demo en palabras del enfermero- era su antítesis y sé que habían reñido muchas veces, sobre todo al intentar ayudar a vecinos enfermos. Uno usaba paracetamol y morfina; la otra, belladona y mandrágora. Cuando alguien moría, Braulio hablaba de infartos cerebrales, tumores terminales o síndromes tóxicos; Rosalía, en cambio, se resignaba y decía que “había llegado su hora” o “los dioses le reclaman”.  <br />
<br />
Dos posturas irreconciliables que, sin embargo, representan a la perfección la esencia del gallego, mitad materia y mitad espíritu, mitad raza y mitad razón, mitad ciencia y mitad magia.<br />
<br />
Lo que Braulio no sabía es que él también era un sospechoso para mí. Sus amplios conocimientos médicos podían convertirle en el asesino perfecto. Además -y esto es lo que me preocupaba- hubo una vieja disputa de terrenos que acabó en los tribunales 12 años atrás. Una pelea por unas tierras expropiadas por el gobierno autonómico al practicante... un embargo firmado por un funcionario. Un funcionario apellidado Saavedra.</blockquote>

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			<title>Verdes (parte 2)</title>
			<link>https://www.gp32spain.com/foros/entry.php?3741-Verdes-(parte-2)</link>
			<pubDate>Mon, 05 Jan 2015 10:22:23 GMT</pubDate>
			<description>La presión mediática convirtió “los sucesos de Verdes” en la noticia del mes. En las tertulias mañaneras, las patochadas del mundo del “corazón” habían sido relegadas a un segundo plano. Los telediarios abrían con pequeños detalles que no aportaban nada al caso y generaban más y...</description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="blogcontent restore">La presión mediática convirtió “los sucesos de Verdes” en la noticia del mes. En las tertulias mañaneras, las patochadas del mundo del “corazón” habían sido relegadas a un segundo plano. Los telediarios abrían con pequeños detalles que no aportaban nada al caso y generaban más y más alarma social. <br />
<br />
El juez decretó el secreto de sumario... y menos mal. Las diligencias previas estaban siendo un desastre. No encontrábamos móvil del crimen, ni se había hallado veneno en las autopsias, tampoco aparecían armas homicidas... sólo seis muertos varones, seis días, seis infartos fulminantes en el mismo escenario: los brumosos bosques que rodean Verdes. El diagnóstico de los médicos era unánime. Muerte natural. El diagnóstico de los vecinos también era unánime. Asesinatos, brujería... o ambas cosas.<br />
<br />
Tras una decena de visitas a Verdes, sólo dos personas habían arrojado algo de luz al asunto. Una señora excéntrica y medio esquizofrénica, -con ínfulas de meiga- y el practicante, ya retirado. <br />
<br />
Por otra parte, el responsable del centro de salud se negó en redondo a contestar a mis preguntas hasta que aparecí con una orden judicial. Obtuve respuestas a base de monosílabos y una única conclusión: muertes por paro cardíaco absolutamente normales. El galeno trataba de no pronunciar la palabra “negligencia” y aducía que los tiempos en la UCI habían sido correctos. Que el trabajo de los técnicos sanitarios de la ambulancia y del centro de salud podía calificarse de “perfecto”. Era obvio que quería quitarse de el medio cuanto antes pero salvaguardando la profesionalidad de su equipo. Tenía un toque ligeramente desagradable, perfil alejado del médico afable amigo de sus pacientes. Ni siquiera sabía gallego después de vivir media vida allí, y su castellano sureño, seco y cortante, le ayudaba a mantener las distancias con los lugareños. Antipático, pero en ningún caso sospechoso.<br />
<br />
Fui a ver a la familia del último fallecido. Román Saavedra. Allí era costumbre velar al muerto en el hogar. Aparqué frente a una amplia casa tradicional con un extenso patio lleno de frutales. En el jardín, a la izquierda, un castaño enorme y enigmático se erguía con fuerza tapando parte de la vivienda con sus ramas. <br />
<br />
La puerta estaba abierta. Entré tras llamar y no obtener respuesta. El olor a caldo lo inundaba todo. Se ve que la familia no había perdido el apetito pese a la reciente defunción de Román. <br />
<br />
El sexto “infartado” era padre de familia, tractorista y pequeño propietario. Hombre vital, muy querido en el pueblo y magnífico profesional. Tenía 57 años; aún veía lejos la jubilación. No atravesaba problemas de salud serios, y sólo unas cataratas en el ojo izquierdo le daban algo la lata. La muerte le llegó buscando setas, actividad que siempre realizaba solo, tal y como él decía “para que los setales no se llenaran de ignorantes”. Paradójicamente, el cadáver fue hallado en un claro del bosque, en una zona plagada de senderuelas,  pequeños hongos de sabor dulce que crecen en “corros de brujas”, por centenares, en círculos perfectos.<br />
<br />
Me acerqué a la viuda, vestida de riguroso negro, que velaba el guiso en la cocina.<br />
<br />
-Buenos días. Lo lamento mucho. Su esposo era un buen hombre. <br />
<br />
-Creía que usted no lo conocía, señor. Pero gracias -contestó con cierto desdén.<br />
<br />
- ¿Sabe quién soy? -Pregunté con firmeza, modulando mi voz para hacerla todavía más grave.<br />
<br />
-Imagino que policía. Al menos lo parece. Pero aunque agradecemos su presencia, este no es un caso para la policía. Román murió haciendo lo que más le gustaba, recoger setas. Y que yo sepa, un infarto no se puede provocar –argumentó, vocalizando pausadamente y con cierto sarcasmo.<br />
<br />
-Quizás sí se pueda provocar. ¿Es usted médico? -contraataqué.<br />
<br />
-No, soy dependienta en la joyería familiar. Pero creo que usted debería respetar nuestro duelo y dejar descansar a los muertos. ¿Tiene alguna pregunta más? -sentenció la viuda.<br />
<br />
Saludé con desgana y me di la vuelta. Poco más podía rascar allí. Salí del caserón. La niebla se hacía más y más densa. El castaño de la entrada parecía ahora un monstruo, un extraño protector de la rústica vivienda.</blockquote>

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			<title>Verdes (parte 1)</title>
			<link>https://www.gp32spain.com/foros/entry.php?3738-Verdes-(parte-1)</link>
			<pubDate>Sun, 28 Dec 2014 17:12:12 GMT</pubDate>
			<description>La comarcal CP 1909 serpenteaba a través de un monte mixto de pinos y eucaliptos. Doscientos años atrás, un cura pontevedrès, pionero de la globalización, envíaba desde Australia a su tierra natal unas semillas de ese árbol de crecimiento rápido, casi mágico, que ahora dominaba...</description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="blogcontent restore">La comarcal CP 1909 serpenteaba a través de un monte mixto de pinos y eucaliptos. Doscientos años atrás, un cura pontevedrès, pionero de la globalización, envíaba desde Australia a su tierra natal unas semillas de ese árbol de crecimiento rápido, casi mágico, que ahora dominaba gran parte de los bosques gallegos. Dinero fácil en poco tiempo. ¿Qué humano podía resistirse a eso? La industria maderera y los pequeños y grandes terratenientes lo tenían claro. La especie exótica se imponía inexorablemente a las poco rentables especies autóctonas. ¿Cambiarán el nombre del himno gallego, Los Pinos, para adaptarlo a la realidad? ¿Incluirían los sabios consultados una referencia a Oceanía por aquello de la alianza de civilizaciones, la multiculturalidad y su **** madre?<br />
<br />
Un banco de niebla densa me obligó a reducir la velocidad. El velocímetro se estableció en márgenes legales. Intentaba disfrutar de la carretera, pero era difícil cuando no se veía más que unos metros de calzada por delante de mi viejo Citroen Saxo. Un verdor cinguido lo envolvía todo.<br />
<br />
El motor diésel atmosférico emitía un ruido brusco similar al de un tractor, un sonido que antes me relajaba, pero que ahora generaba en mí un desasosiego difícil de explicar. *Atrás quedaron los viajes de placer sin rumbo fijo y los puentes laborales interminables. Mi realidad ahora era muy distinta. Cobraba más, pero disfrutaba mucho menos. Un día libre a la semana, viajes continuos, estrés, decenas de casos sin resolver en toda la región. Cóctel jodido, muy jodido. Y al llegar a casa, ni capuccino, ni perrito de scottex ni rastro de perfume de mujer. Desorden y suciedad. <br />
<br />
Verdes 30 km. En 15 minutos llegaría a la escena del... ¿crimen? Seis muertos. Seis. Pero ¿Debería investigar el caso un criminólogo? ¿un médico? ¿un parapsicólogo iluminado? Tenía mis dudas, pero de poco servía ya darle vueltas al tema. El marrón le había caído al inspector Moisés, un servidor.</blockquote>

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		<item>
			<title>Asesino</title>
			<link>https://www.gp32spain.com/foros/entry.php?3171-Asesino</link>
			<pubDate>Sun, 09 Jan 2011 20:39:56 GMT</pubDate>
			<description>Había desarrollado desde la más tierna infancia su instinto innato para la caza. Con 15 años, sus ojos se movían a una velocidad endiablada cuando se preparaba para la batalla, brillando sobre una fea cara llena de pecas y acné. El pulso se le aceleraba, el sudor frío empapaba...</description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="blogcontent restore">Había desarrollado desde la más tierna infancia su instinto innato para la caza. Con 15 años, sus ojos se movían a una velocidad endiablada cuando se preparaba para la batalla, brillando sobre una fea cara llena de pecas y acné. El pulso se le aceleraba, el sudor frío empapaba su pelo grasiento y un tic nervioso castigaba sus párpados llegado el momento de la lucha. Era  un espectáculo digno de ver.<br />
<br />
El sótano de su casa, sombrío y con humedad, era el escenario preferido para sus fechorías. Las paredes mohosas estaban “decoradas” con decenas de armas blancas que hundían sus hojas en los muros de la vivienda. Pasaba muchas horas allí, agazapado, entre desperdicios y cuchillos, navajas y heces.<br />
<br />
Las víctimas no guardaban ninguna relación, no las elegía por tener unas características concretas, y quizás por eso sus crímenes estuvieron mucho tiempo impunes.<br />
<br />
Sus padres, una pareja de progres despreocupados, descubrieron el pastel demasiado tarde. Fue una noche de julio. Su primogénito estaba en el parque, frente a su hogar. Nunca le prestaban demasiada atención... realmente nadie le prestaba demasiada atención. Si aquel día hubiesen salido al porche de la vivienda a debatir acerca del sexo de los ángeles, a divagar sobre la moda zen, a recordar la sesión de taichi o a bromear recordando la reunión de tupper sex, hubiesen visto a su hijo aunque no quisiesen, porque estaba muy cerca. Él era un lobo solitario, pero en aquella ocasión estaba acompañado por una chica guapa. No guapa de revista, ni de televisión, más bien guapa cajera de supermercado, guapa viajera de metro o guapa en la sala de espera del dentista, pero guapa.<br />
<br />
Cruzaron varias palabras y el chaval perdió los nervios. Empezó a golpear el suelo con furia, a escupir, a arrancarse pelos, a morderse. La tragedia se veía venir.<br />
<br />
Cogió a la chica del cuello y la llevó a su casa. Entró arrastrándola, ante el estupor de sus padres. Los gritos de la cara bonita ponían banda sonora a esos trágicos momentos.<br />
<br />
Fue rápido, brutal, técnicamente perfecto. Ya en el sótano, con sus progenitores pisándole los talones, chillando como posesos, empujó a la joven contra el suelo, sacó del bolsillo unos punzones y clavó certeramente en la pared dos papeles, ensartándolos.<br />
<br />
“Te quiero”. El chaval había asesinado, en esta ocasión, dos palabras a la vez. No pudo con ellas y las quería ver muertas. Un pronombre personal y un verbo. No tuvo piedad.<br />
<br />
Después de aquel episodio, el joven visitó el juzgado de menores. Pasó por consultas de psicólogos mediocres, de reputados logopedas, de innovadores psiquiatras. Ninguno consiguió ayudarle. <br />
<br />
El otro día me enteré de que un cáncer de garganta se lo había llevado al otro barrio recién cumplidos los 30. Un final cruel, sin duda, para un muchacho desgarbado, débil y tartamudo, un muchacho que siempre me recordaba al protagonista de “el pabellón de oro” de Mishima. <br />
<br />
El destino había gastado una última broma a ese tipo desquiciado que mataba todas las palabras que no conseguía pronunciar.</blockquote>

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		<item>
			<title>La familia crece</title>
			<link>https://www.gp32spain.com/foros/entry.php?2591-La-familia-crece</link>
			<pubDate>Sun, 21 Feb 2010 09:39:42 GMT</pubDate>
			<description>Mi nuevo amigo. En 15 días estará en mi casa y será uno más de la familia. Se llama Noel, es blanco, con un ojo de cada color, tiene poco más de un añito y fue abandonado a su suerte en una colonia de gatos callejeros. Acabó en la perrera y una buena persona, amante de los...</description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="blogcontent restore">Mi nuevo amigo. En 15 días estará en mi casa y será uno más de la familia. Se llama Noel, es blanco, con un ojo de cada color, tiene poco más de un añito y fue abandonado a su suerte en una colonia de gatos callejeros. Acabó en la perrera y una buena persona, amante de los animales en general y de los gatos en particular, lo llevó al refugio de la asociación que dirige días antes de que lo sacrificasen. Noel es cariñoso, zalamero, simpático, ronroneador y... sordo. Por eso nadie le quiere, porque no responde a estímulos auditivos. Yo he decidido darle una oportunidad, y él parece dispuesto a dármela a mí... ¿se llevará bien con su hermanita Lina?<br />
<br />
[media]http://img641.imageshack.us/img641/5649/noels.jpg[/media]</blockquote>

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		<item>
			<title>Viaje al término de la noche</title>
			<link>https://www.gp32spain.com/foros/entry.php?1911-Viaje-al-término-de-la-noche</link>
			<pubDate>Sat, 09 Aug 2008 10:33:47 GMT</pubDate>
			<description>Era una noche oscura, sin luna. Las nubes tapaban las estrellas y una inmensa sombra ocupaba el lugar del cielo. La grandeza del universo parecía cernirse sobre la tierra sin adornos, sin astros, sin constelaciones, sin fin. 
 
La ciudad con su mundanal ruido iba quedando atrás,...</description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="blogcontent restore">Era una noche oscura, sin luna. Las nubes tapaban las estrellas y una inmensa sombra ocupaba el lugar del cielo. La grandeza del universo parecía cernirse sobre la tierra sin adornos, sin astros, sin constelaciones, sin fin.<br />
<br />
La ciudad con su mundanal ruido iba quedando atrás, perdiéndose en la lejanía y convirtiéndose en una insignificante luciérnaga reflejada en el retrovisor de la moto. La humedad del aire y la dureza fría del viento en mi rostro multiplicaban los escalofríos que me provocaba el miedo a lo desconocido. Estaba dispuesto a viajar al fin de la noche, y no precisamente en el sentido metafórico de la obra de Céline.<br />
<br />
Incomprensiblemente, el camino no aparecía en los mapas. Nadie sabía –o nadie quería que se supiese- cómo se llega al fin. Decidí, por tanto, guiarme por mis impulsos, y afrontar el viaje en un medio de transporte manejable que me permitiese cambiar de rumbo rápidamente. No encontré nada mejor que mi vieja Vespa.<br />
<br />
Ya en medio del bosque, circulando por una vía pecuaria más allá de los lujosos chalets del barrio alto y de las chabolas de la pequeña manzana, supe que me acercaba a mi objetivo. El sinuoso, fragoso y abrupto camino me pedía a gritos que dejase la contemporánea montura, y por eso decidí continuar a pie. Sólo oía mi respiración y el rumor vivo de la naturaleza. Los frondosos árboles característicos del boscaje atlántico se comían los artificiales rayos de luz que provenían de una carretera cercana, manteniendo la negrura espesa de una noche cada vez más y más pura.<br />
Cuando dejé de percibir los últimos reflejos de las espurias luminarias de la civilización, me senté. Sonreí, respiré con fuerza, acaricié la tierra musgosa. Cerré los ojos y empecé a sentirme parte de la noche. Transcurrieron minutos, horas quizás, hasta que desperté.<br />
<br />
La magia comenzó a desvanecerse con la luz anaranjada del amanecer. Mi esposa estaría histérica, esperándome en mi prisión con el alcoholímetro en la mano. Busqué la Vespa, me monté y aceleré. No iba a creerse mi historia. Buscaría “Término de la noche” en las Páginas Amarillas para ver si era el nombre de un club de alterne. Y una vez más, yo miraría al suelo con la certeza de que la materia había vencido al espíritu.</blockquote>

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		</item>
		<item>
			<title>En el calabozo</title>
			<link>https://www.gp32spain.com/foros/entry.php?1907-En-el-calabozo</link>
			<pubDate>Thu, 07 Aug 2008 14:03:55 GMT</pubDate>
			<description>De nuevo en el calabozo. Solo. Triste. Agotado. 
De nuevo mirando a ningún lado, derrotado y sometido.  
Quien no ha estado nunca encerrado no sabe lo que se siente.  
Cuatro paredes, una puerta con rejas, suelo y techo. Lo único que puedes mirar.  
 
Unas horas en ese agujero...</description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="blogcontent restore">De nuevo en el calabozo. Solo. Triste. Agotado.<br />
De nuevo mirando a ningún lado, derrotado y sometido. <br />
Quien no ha estado nunca encerrado no sabe lo que se siente. <br />
Cuatro paredes, una puerta con rejas, suelo y techo. Lo único que puedes mirar. <br />
<br />
Unas horas en ese agujero insalubre enferman tu alma. Hombres, como los que crearon el tiempo, te castigan sin él. Pasan los segundos, los minutos. Esperas, no sabes a qué o a quién ni cuándo, pero esperas. Te levantas, caminas dos pasos, das la vuelta y vuelves a recostarte en la sucia colchoneta. Te estiras, piensas.<br />
<br />
Ese es el problema. Piensas demasiado. No hay otra cosa que hacer, por lo que te entregas a tus pensamientos. Los sentimientos de culpabilidad afloran con fuerza, y no encuentras en el mundo otro culpable. Tú eres el problema. Eres una mierda.<br />
<br />
Si pudiera volver atrás, quizás no sacaría esa navaja. El eterno debate interno me atormenta una vez más. Es fácil que triunfen mis impulsos…<br />
Mi enfermedad me ayuda a elegir el camino del arrebato, de la violencia. <br />
Ahora, en frío, pienso que la libertad que siento en el momento de elegir tiene un precio demasiado alto. ¿Reprimir mi voluntad o liberarla? Escupo al suelo y recuerdo unas palabras de mi madre. &quot;A veces, el camino marcado es el mejor camino&quot;.<br />
<br />
Se ve una luz en el pasillo. Alguien chilla pidiendo metadona. Me tumbo una vez más en el colchón, en medio de ninguna parte. Hace frío.</blockquote>

]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[euro "VISIÓN"]]></title>
			<link>https://www.gp32spain.com/foros/entry.php?1759-euro-quot-VISIÓN-quot</link>
			<pubDate>Sun, 25 May 2008 18:32:57 GMT</pubDate>
			<description>Eslavas neumáticas, nórdicas “supervitaminadas”, “triunfitas” con sobrepeso, íberos con tupé imposible, invidentes arrítmicas, piratas cantautores. No son los protagonistas de la última comedia teenager absurda salida de Hollywood; son algunos de los contendientes que se dieron...</description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="blogcontent restore">Eslavas neumáticas, nórdicas “supervitaminadas”, “triunfitas” con sobrepeso, íberos con tupé imposible, invidentes arrítmicas, piratas cantautores. No son los protagonistas de la última comedia teenager absurda salida de Hollywood; son algunos de los contendientes que se dieron cita en ese festival con careta “modernoide” -que no moderna-, regusto añejo a ritmo de “la la la” en tono sepia y dudoso componente artístico, celebrado el pasado sábado en Belgrado. <br />
<br />
Eurovisión, que cada vez tiene menos de “Euro” y  más de visión -en la acepción más oscurantista y paranormal de la palabra-, tiñó de rosa y caspa la capital de Serbia. Otros colores, los rojo y oro de la bandera española, naufragaron una vez más -por suerte o por desgracia- en un mar que tampoco dominan los ingleses.  De “Euro”, como decía, la pachanguita musical tiene bien poco. Eso lo confirma la presencia en el concurso de países como Israel, que ni políticamente ni geográficamente pertenecen al viejo continente. Otros, como Turquía, aún no saben si quieren (o si les dejarán) colaborar con una estrella -o con una luna- en la composición de la banderita de la Unión. Lo que está claro es que en Eurovisión sí tienen sitio, al igual que las dos docenas de repúblicas ex-soviéticas de nombre impronunciable para los españolitos “de a pie”, repúblicas que hicieron piña y falsearon por enésima vez el resultado final otorgándose mutuamente votos de compadreo.<br />
<br />
España, por su parte, cansada quizás de hacer el ridículo año tras año, decidió darle el billete sólo de ida a un especimen patrio salido de un despacho de marketing.  Quien dice España dice unos cuantos miles de adictos a la “democracia del SMS” instaurada por la telebasura, pero al igual que en las elecciones de verdad, los que no votan o eligieron otras opciones deben -debemos- acatar el resultado. Al grano: finalmente, nuestro embajador Rodolfo Chikilicuatre llevó su ritmo reggaetostón freak a Eurovisión, se ganó unos cuantos silbidos, algunos votos más que sus predecesores y una avalancha de críticas de intelectuales aburridos que acudieron a hacer caja en las tertulias de pacotilla de algunas cadenas televisivas al concluir el envite pseudomusical.<br />
<br />
Las malas lenguas hablan de fracaso estrepitoso, aunque las cifras no avalan esa teoría. El actor del tupé quedó en la mitad de la tabla clasificatoria armado con una guitarra de juguete y una canción machacona, con una lírica burda y soez que más que satírica es tópica y reincidente, adornada con una base musical que recuerda a los organillos de los cíngaros que hacían bailar a la cabra, y un cierto toque mal llamado “latino” (en el colegio nos enseñaban que latino era Marco Aurelio, aunque ahora sea una etiqueta para designar los ritmos tropicales de “allende el mar”).<br />
<br />
Hay quienes analizan el “poltergeist” europeo-musicalero del fin de semana desde otra perspectiva. Se ha hablado mucho de una posible conspiración, teoría avalada por todos los medios de comunicación a excepción del que dirige un médico de familia. Casi todos coinciden, también, en hablar de ridículo estrepitoso, un buen prólogo para el futurible batacazo continental futbolístico. <br />
<br />
Yo, sin embargo, no detecté sólo esa esencia a “España cañí” a la que hacen alusión los tertulianos en el histriónico experimento de Chikilicuatre... también la olfateé en la presentación audiovisual que precedió a la actuación. Topicazo para entrar en calor: dos efigies rojigualdas toreando. Faltaron las palmas y el “olé”, pero la sensación de ridículo no me la pude quitar de encima en toda la noche, y no fue precisamente por culpa del bueno de Rodolfo. Por un momento sentí envidia de los otros países, que subían al escenario tras la proyección de elegantes y coloridos vídeos introductorios que simplemente “dibujaban” en pantalla sus colores nacionales.<br />
<br />
Al final entendí que Eurovisión se debate entre el arte musical y el espectáculo chabacano, al igual que Europa se debate entre el ser o no ser y España se debate entre el mundo de la pandereta y el de la cultura con mayúsculas. Quizás, nuestro mayor problema no sea la bufonada circense de Chikilicuatre.</blockquote>

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			<title>La derrota</title>
			<link>https://www.gp32spain.com/foros/entry.php?1747-La-derrota</link>
			<pubDate>Mon, 19 May 2008 21:19:34 GMT</pubDate>
			<description>Lluvia y más lluvia. Agua proyectada desde arriba hacia abajo.  
Cuando el agua en su forma gaseosa se proyecta de abajo hacia arriba, no llueve, simplemente estamos ante un géiser. Geiseriza se podría decir. ¡Qué filósofo me pongo cuando estoy bebido!. Más lluvia. De arriba...</description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="blogcontent restore">Lluvia y más lluvia. Agua proyectada desde arriba hacia abajo. <br />
Cuando el agua en su forma gaseosa se proyecta de abajo hacia arriba, no llueve, simplemente estamos ante un géiser. Geiseriza se podría decir. ¡Qué filósofo me pongo cuando estoy bebido!. Más lluvia. De arriba hacia abajo. Estaba ya completamente empapado cuando decidí entrar a un bar cualquiera. Un súbito impulso ebrio me animó a tomar la decisión. Mmmm un bar donde resguardarme de la lluvia y beber, beber, beber. <br />
<br />
El ambiente dentro de la taberna era triste. De pronto me vi sumergido en uno de los guetos que el sistema propiciaba. *****, drogadictos, alguna que otra persona sana... y borrachos... o uno al menos. Me senté y posé mi tatuaje de la telaraña en la barra. De seguir el ritmo alcohólico de los últimos meses, la bonita tela arácnida tatuada en el codo sería sustituida por una real... <br />
<br />
- ¿Qué tomas cariño? <br />
Qué voz de ****.... ¿no sería esto un lupanar? <br />
- Ponme una guiness por favor –contesté con seguridad- <br />
- No están demasiado frías, precioso. <br />
Esa mujer (por llamarla de alguna manera) me quería poner bruto. <br />
- Pues lo que sea. Cerveza. Tercio. ¡Rápido malévola ninfa! -espeté-.<br />
<br />
Me llegó al fin la cerveza, y la amable camarera se transformó ante mis ojos en una perra de presa. Le faltó escupirme en el líquido dorado, pero mi mirada penetrante, ensayada en largas noches trasegando alcohol frente al espejo, consiguió calmar a la furcia. <br />
<br />
Tras ajusticiar el tercio de dos tragos, comencé a percatarme de algo sorprendente. Los personajes del lugar iban en parejas. No había ninguna excepción, todos incluso la posadera habían encontrado su media naranja. Observé detenidamente a feos con feas, guapos con guapas, guapas con feos y feas con guapos. Gracias a otro minucioso análisis pude descubrir a feos con feos, guapos con feos, guapas con guapas y guapas con feas. ¡Qué bochornoso y decadente espectáculo! ¡qué trabajado escarceo con dos palabras para designar tamaña mierda! <br />
<br />
Los brazos izquierdos de los presentes se entrelazaban en señal de compromiso, de unión total. Sus sonrisas irónicas a dúo eran lo más terrorífico que me podían dedicar. Me odiaban, porque yo era el único ********** que seguía solo. Los pares de estúpidos me miraban fijamente. Ojos vidriosos, ojos legañosos y ojos maquillados pretendían aniquilarme, enfocándome continuamente. Estaba solo y desamparado, meándome encima y rodeado de gentuza emparejada. El surrealismo de la escena era patente, y presa del pánico decidí sumergirme en la locura. Abracé con ansia la botella de cerveza vacía. Se dejó. Es un botellín majo, pensé. Sus curvas eran bastante atractivas y su color verdoso me infundía dosis increíbles de esperanza. Tras mi fogosa actitud con la birra, la situación volvió a la normalidad. La atención de aquellas depravadas masas se centraba de nuevo en sus aburridos quehaceres de oligofrénicos. Respiré tranquilo. Era libre. <br />
<br />
Después de pagar mi deuda a la camarera canina y ensuciarme las manos en una barra mugrienta hecha de contrachapado barato, salí a la calle en busca de líquido alcohólico en formato litro. Deambulé un rato por el casco viejo bajo una fina capa de lluvia, buscando infructuosamente un 24 horas entre neones de puticlubs y cines porno. <br />
<br />
Mientras caminaba absorto en mis cavilaciones metafísicas, un gran hijo de **** me propinó una colleja. Desperté y bajé corriendo los escalones de la torre de marfil para comprender la jodida realidad: las parejas no estaban sólo en aquel antro apestoso, ahora diferentes dúos de enamorados correteaban por toda la calle coreando cánticos absurdos. Miré un cigarro aplastado que lanzaba sus últimos humos de vida en el suelo mojado. Tenia miedo. Al levantar la vista pude verificar lo que me temía: Estaba siendo vigilado por aquellas artificiosas y artificiales parejas de bastardos. Sus ojillos malignos se cebaron en mi. Sus asquerosos perfumes baratos me mareaban mientras sus miradas perversas trataban de acribillarme de nuevo. <br />
<br />
Grité con fuerza. Comenzé a correr como nunca antes había corrido, y pronto alcancé la gasolinera de la colina. <br />
- Cervecéeme señor gasolinero -siempre he sabido ser gracioso en momentos difíciles-.<br />
- ¿Eres ********* chavalote? <br />
- Perdone. Una litrona por favor. <br />
<br />
Refunfuñando, el gordo sudoroso me trajo a la rubia de mis amores. Se despidió de mí con malas palabras mientras un hilo de sangre le bajaba desde la nariz a la boca. Supuse que el también tenía pareja en aquél diabólico circo, una pareja aún peor que la mía. Tras salir a la calle y obviar la pose inquisidora de los viandantes, busqué un portal en el que refugiarme de una incomprensión a la que me estaba acostumbrando. Tomé la cerveza y mientras su amargo sabor me llenaba de amor, el comportamiento de los bipeatones bípedos se tornó de nuevo rutinario, y centrados en sus labores parejiles, dejaron de mirarme. <br />
Ahora volvería raudo y veloz a mi casa, a acariciar con suavidad una almohada mullida en la oscuridad de mi derrota.<br />
<br />
Disimular no es tan difícil, pensé.</blockquote>

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			<title>Basura</title>
			<link>https://www.gp32spain.com/foros/entry.php?1741-Basura</link>
			<pubDate>Sun, 18 May 2008 13:27:37 GMT</pubDate>
			<description>La vida había cambiado. Me había cambiado. Mucho. 
Siete meses atrás era un tío normal, algo alienado pero prácticamente normal. De ser un periodista más o menos reconocido con un sueldo de mierda, había pasado a ser un “trabajador” anónimo  no cualificado, con un sueldo...</description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="blogcontent restore">La vida había cambiado. Me había cambiado. Mucho.<br />
Siete meses atrás era un tío normal, algo alienado pero prácticamente normal. De ser un periodista más o menos reconocido con un sueldo de mierda, había pasado a ser un “trabajador” anónimo  no cualificado, con un sueldo “decente” y muchas noches en vela por delante. El tipo de trabajo que nadie quiere: solo, en una obra, 12 horas, de noche, con ruidos inquietantes a cada segundo y sin armas. Alguien dijo alguna vez que consideraba su pistola una segunda *****. Pues bien, en la soledad de mi “garita” de vigilante desarmado, no tenía ******. No me sentía la mía -la incorporada de serie- porque estaba cansado, en plan zombie. No se me ponía dura ni aunque me concentrase. La otra no la podía tener porque no era vigilante. Mis únicas armas eran el cuchillo de cortar el pan y una linterna que pesaba medio kilo.<br />
Tampoco necesitaba defensas. Por suerte o desgracia, allí no pasaba nada. Algún perro que se colaba en el recinto, algún maullido de gata en celo, y poco más. Parece mentira que a menos de 1.000 metros hubiese un puti-club, antro despreciable pero lleno de vida. En la obra, sin embargo, todo estaba muerto; los materiales tirados, los accesos embarrados, los edificios a medio construir. Desolador.<br />
En esa época empezaron a cambiar otras cosas además de mi trabajo. Y lo del trabajo, pensándolo bien, no era demasiado relevante. En todas las empresas te dan por el culo, aunque algunas usan vaselina y otras te atan al potro. De “controlador” tenía las tardes libres, dormía por la mañana y curraba por la noche. No estaba mal del todo, y además tenía tiempo de aburrirme, y al aburrirme podía escribir y aburrir a los demás.<br />
Como todas las historias decentes, la mía empezó de la nada. Ni rico de viaje de negocios, ni deportista de élite en una final, ni mafioso a punto de entrar a robar un banco . Era -soy- un mindundi, un Don Nadie, que después de la “película” volvería -volví- a la medianía, a la mediocridad, integrándome en el tono gris del mundo para seguir mi cuenta atrás hacia delante, hacia la muerte.<br />
Se había apagado una luz del foco que iluminaba la explanada central del terreno que vigilaba. La bombilla halógena había parpadeado unos minutos para acabar fundiéndose. Alrededor, luz. En el centro, oscuridad. Un círculo de cinco metros  de diámetro se convertía en territorio comanche por obra y gracia de un problema eléctrico. Me aseguré, no se veía nada allí dentro. Desde fuera era imposible apreciar figura y fondo. Sería mi agujero negro, mi segunda casa.<br />
Lo mejor del círculo era que yo veía pero a mí no me veían. Empezó sirviéndome para desempeñar mejor mi trabajo: controlar. Empecé a controlar algunas cosas más de las que me encomendaron. El terreno elevado me permitía, con unos prismáticos, vigilar medio pueblo. La segunda noche allí tirado, agazapado, escondido, pude verla. Era mi novia, e iba acompañada. En dirección a MI casa. Con otro.<br />
Siempre había sospechado que lo nuestro acabaría en tragedia, pero aquella escena iba a precipitar los acontecimientos. Abandoné mi puesto laboral, no sin antes dejar un mensaje avisando de que regresaría en poco tiempo. Y regresé, con sus cuerpos, dos cuerpos que pesaban una barbaridad y que pude colocar, tras trocearlos (no me pregunten cómo, no soy un sádico) dentro de la funda de un saco de dormir. Mmm... cuando les clavaba el cuchillo de cortar el pan chillaban como cerdos, como si siguieran follando. Lo hice mirando a la Meca y de cortes limpios(repito, no soy un sádico). Pero ahorrémonos detalles escabrosos.<br />
<br />
Arrastré con rapidez la basura, con toda la rapidez que pude teniendo en cuenta que pesaba más de 120 kilos. Lo dejé justo en el medio de mi agujero negro, el escondite perfecto. Nadie podría verlo. Volví a la garita porque nunca me ha gustado el olor a muerto. Y mientras me dormía, empecé a sudar como un cerdo. Y mientras me dormía, quería despertar. Y mientras me dormía, rezaba para que nadie cambiase la bombilla, o mejor, para que no se hiciese de día.<br />
<br />
Al día siguiente, al llegar a casa, me sentí culpable. Mi novia me había preparado el desayuno y me regalaba una sonrisa.</blockquote>

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			<title>A6</title>
			<link>https://www.gp32spain.com/foros/entry.php?1737-A6</link>
			<pubDate>Sat, 17 May 2008 17:06:15 GMT</pubDate>
			<description>Me encantaba -me encanta- el trayecto a Galicia. La A6 es un remanso de paz a mitad de semana, cuando hago la ruta. Sus amplios carriles permiten una conducción segura sin poner demasiada atención en la carretera. Las noches que viajo al norte son casi mágicas: sólo la...</description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="blogcontent restore">Me encantaba -me encanta- el trayecto a Galicia. La A6 es un remanso de paz a mitad de semana, cuando hago la ruta. Sus amplios carriles permiten una conducción segura sin poner demasiada atención en la carretera. Las noches que viajo al norte son casi mágicas: sólo la carretera, el coche y yo, sin pasajeros latosos, sin estresantes caravanas, sin agobios. <br />
<br />
Cuando paso Ponferrada siempre abro las ventanillas para empaparme de humedad, de ese aire tan diferente al que respiramos en Madrid. Al pasar el túnel de Piedrafita do Cebreiro la placentera sensación me cubre al completo, me meto de lleno en la niebla gallega y soy todavía más libre, más anónimo, más auténtico. Es un viaje único. Los montes del Bierzo separan dos mundos, y al atravesar el vórtice, al entrar en terra de meigas, puedes quedarte enganchado para siempre.<br />
<br />
Muchas veces, antes de llegar a las tortuosas carreteras galllegas, en las largas rectas de la meseta castellana, piso a fondo y pongo el coche a 200 km/h. Tengo los radares localizados, sé dónde hay más tráfico... y me la juego. Es divertido.<br />
<br />
Recuerdo un día del verano pasado -que lo trabajé de junio a septiembre, como buen paria- en el que me conocí a mí mismo. Era, por supuesto, un viaje a Galicia. Empecé a acelerar antes que de costumbre; llevaba varios días con ansiedad y necesitaba mi antídoto galaico cuanto antes. Velocidad de crucero, 180 km/h. Ventanillas bajadas, ruido ensordecedor. Brisa fresca, aunque no demasiado septentrional. <br />
<br />
Volvió a rondar por mi mente una idea a la que le he dado muchas vueltas a lo largo de mi vida. Morir en la carretera, a gran velocidad, tirarse por un puente o estrellarse con una pared. ¿No es una manera genial de palmar? Coincido con Marinetti: es más bello un coche de carreras que la Victoria de Samotracia. Velocidad, cúlmen, ocaso, muerte. <br />
<br />
No podía quitarme de la cabeza ese pensamiento furtivo, que se acomodaba poco a poco en mi cansado intelecto. Si hubiera una explosión ya sería fantástico. Sangre, vísceras, viento, estrellas y luna. Y velocidad. Siempre velocidad, sinónimo de libertad.<br />
<br />
Curva a la derecha, curva a la izquierda. Curro de mierda... precipicio a la derecha. Mierda de vida, andén peligroso. Recta, qué **** es mi novia, curva. Curva, recta. ¿¿¿¿¿¿¿ciervo??????? ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ciervo!!!!!!!!!!!  ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ciervo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!  !!!!<br />
Viré con todas mis fuerzas, chillé como una perra en celo, me agarré al volante, volví a virar, derrapé, me estampé. Siniestro total -mira por donde, un grupo gallego-.<br />
<br />
Como podéis imaginar, no fallecí en ese viaje. Sólo me quedaron un par de señales del accidente, entre las que destaca una cicatriz en el codo que avala mi historia. Y como -haciendo honor a la verdad- me alegré de no estirar la pata a 200 km/h en la A6, no volvieron a rondarme por la cabeza esas ideas de muerte veloz y futurista, vanguardista y marinettiniana.  <br />
<br />
Sería hipócrita por mi parte...<br />
<br />
<br />
Nota del “escritor”: Ningún animal sufrió en esta historia, a excepción del conductor.</blockquote>

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			<title>El escritor</title>
			<link>https://www.gp32spain.com/foros/entry.php?1732-El-escritor</link>
			<pubDate>Fri, 16 May 2008 14:08:23 GMT</pubDate>
			<description>Empecé a dejarme una cuidada barbita descuidada -toma paradoja-, a lavarme un poco menos -es bohemio oler a hombre- y a beber como un loco -no conozco muchos escritores  abstemios- . Mi técnica para convertirme en un escritor de éxito estaba dando sus frutos poco a poco. Mi vida...</description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="blogcontent restore">Empecé a dejarme una cuidada barbita descuidada -toma paradoja-, a lavarme un poco menos -es bohemio oler a hombre- y a beber como un loco -no conozco muchos escritores  abstemios- . Mi técnica para convertirme en un escritor de éxito estaba dando sus frutos poco a poco. Mi vida sexual iba en aumento, porque el rollito intelectual/piojoso le gusta a las mujeres. Todo marchaba, o eso creía.<br />
<br />
El problema era el de siempre; me costaba ponerme a escribir, arrancar. Cuando entraba en materia, no conseguía nada sustancioso. Más allá de borracheras, drogas y polvos, no tenía nada en mi vida de donde sacar algo interesante. Para buscar las musas lo probé todo, desde absenta a cocaína. También probé sin drogas, pero todo salía aún peor. <br />
<br />
Mi plan empezó a hacer aguas y empecé a oler a fracaso. Las mujeres, al igual que los felinos, tienen el olfato muy desarrollado. Y olieron mi peste a distancia. No tenía nada que hacer. Ni a horas intempestivas, ni a horas familiares. Ni en la playa ni en el servicio. No había manera de escribir más  de dos líneas mínimamente interesantes. Y además, ya no follaba.<br />
<br />
Mi producción literaria se redujo hasta límites insospechados: no era capaz de juntar más de tres palabras cada día. Preocupante. Muy preocupante. Mi lapsus se convirtió en patología y poco a poco me fui transformando en un ********** integral, en un básico, en un lelo. Pocos me creerán, pero llegué a necesitar un día para colocar una palabra en el papel.<br />
<br />
Tomé una decisión: consagraría el resto de mi vida a escribir algo medianamente interesante. Para que el texto fuera atractivo tenía que tener un final espectacular. No dudé en convertirme en protagonista...  no tenía otra elección.<br />
<br />
Tardé dos meses en escribir este último párrafo, y aproveché los ratos libres para llamar a editoriales y prometerles algo “fuerte”, “requetevendible”, rica basura. No sabía cómo cojones iban a vender un texto tan ridículamente breve, pero eso no era cosa mía. Cumplí mi parte del trato, y este texto póstumo me llevó a la gloria efímera que tanto había buscado -supongo-.<br />
<br />
Ahora, perdedores, os saludo victorioso desde el otro barrio.</blockquote>

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			<title>Bienvenidos</title>
			<link>https://www.gp32spain.com/foros/entry.php?1731-Bienvenidos</link>
			<pubDate>Fri, 16 May 2008 14:03:22 GMT</pubDate>
			<description><![CDATA[No tengo ni idea de cómo personalizar o poner cabecera al blog, pero lo importante es el contenido y no el continente... 
 
Bienbenidos Hamigos! :rever: 
 
Aquí encontraréis relatos insultantemente mundanales, nada de historias de "terror", poesías o cuentos de hadas.  
 
Espero...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote class="blogcontent restore">No tengo ni idea de cómo personalizar o poner cabecera al blog, pero lo importante es el contenido y no el continente...<br />
<br />
Bienbenidos Hamigos! :rever:<br />
<br />
Aquí encontraréis relatos insultantemente mundanales, nada de historias de &quot;terror&quot;, poesías o cuentos de hadas. <br />
<br />
Espero que lo disfrutéis y critiquéis sin piedad.<br />
<br />
:brindis:</blockquote>

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